Libros: para pensar las artes plásticas

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por Fernando Bogado

Hoy es el último día de la feria ArteBA, y no podíamos dejar de utilizar la excusa para hablar de tres libros que nos presentan el estado actual de la producción estética, sobre todo, referida las disciplinas plásticas. Desde la idea de un cambio en el modo de producción de lo estético hasta libros claves para pensar el tipo de quehacer artístico desde el siglo XX en adelante, aquí van nuestros tres seleccionados.

Volverse público, de Boris Groys

La tesis central de Groys es de por sí bastante polémica. La idea es que, según el estatuto de producción contemporánea, no podemos pensar más en la producción estética como una suerte de “destino” individual, asumido por un sujeto artista, sino por un comportamiento vulgarizado. Esto es, abierto al vulgo, al pueblo, un tipo de producción estrictamente democratizado. Todos podemos ser artistas, y de hecho lo somos, en la medida en que asumimos nuestras propias vidas como obras de arte cada vez que interactuamos en una red social. Facebook, Instagram, Twitter: las redes sociales han abierto la posibilidad de que la nueva obra de arte, por más que no nos consideremos precisamente “artistas”, seamos nosotros mismos.

La verdad en pintura, de Jacques Derrida

Uno de los filósofos más importantes de finales del siglo XX, Derrida ha logrado ejercer su influencia en diferentes tipos de producciones estéticas, con especial importancia en la literatura. Es en este libro, sin embargo, donde comienza a proponer toda una serie de problemas que atañen, específicamente, a la pintura, y a una serie de problemas que en la propia historia de la filosofía tiene que ver con lo que se dispone en el lienzo. Por ejemplo, el problema del marco: ¿se considera o no parte del cuadro? ¿Qué implica que ese borde “recorte” una porción de la realidad y la presente? ¿No tiene eso que ver también con el problema de qué es lo que consideramos “verdadero”? ¿Qué pasa con el tema de la “originalidad”, de lo que podemos llamar el “estilo” de un artista, que distingue a un cuadro “verdadero” de una “copia”? ¿Cómo cambia ese estatuto a partir del modo de producción pictórica en la actualidad? Toda una serie de preguntas que parecen propias de las personas que hacen cuadros, pero que tiene que ver, en el fondo, con el remanido problema de qué es la verdad. Incluso, en filosofía.

De lo espiritual en el arte, de Wassily Kandinsky

Este es, sin lugar a dudas, uno de los textos más importantes en cuanto a reflexión acerca de la pintura contemporánea existen. Y es que Kandinsky, a partir de una idea que tiene su influencia en la apertura del pensamiento occidental hacia otras formas de prácticas artísticas, propone un modo de pensar la pintura alejado de la figurativo, como si la propia abstracción incumbiese, en el fondo, un asunto de espiritualización de la realidad. O sea, un esfuerzo por separar a la realidad de su necesidad figurativa para caputurar una suerte de esencia que va más allá de lo que tradicionalmente se considera pintura. Y, en líneas generales, el libro es también un intento por pensar la “espiritualidad” como algo que trascienda los límites materiales de occidente: se puede ir más allá de ese mundo, hasta el punto de que el comienzo que Kandinsky observa en la pintura es apenas el primer estadio de una transformación general de la humanidad. Más allá de si ese pronóstico se cumplió o no, es imposible no ver que ese llamado ha devenido en nuestra idea de arte conceptual: un tipo de producción que uso lo material como un mínimo soporte para hacer de la obra lo que realmente es, un concepto.