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A la montaña, escalar en silla

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¿Puede subir a una montaña una persona invidente? ¿Puede hacerlo alguien con importantes problemas de movilidad? ¿Se puede practicar senderismo en silla de ruedas? La respuesta es sí, la asociación Rodamunt, creada por Juan Carlos Vázquez, Oriol Aragay y Oriol Vilaseca, montañeros y amigos desde hace más de 30 años lo hacen posible. Hace mucho tiempo que estos apasionados de las cumbres comparten su afición con personas invidentes. Eso los llevo a notar que es posible acercar el senderismo a otros. Si podían ayudar a ciegos, ¿por qué no a personas con problemas de movilidad? Ahi descubrieron la silla de rueda (una sola)  como la del modelo Joëlette. Un ingenio híbrido, a medio camino entre unas parihuelas o una camilla y una silla de ruedas.  Este invento permite que personas con movilidad reducida puedan recorrer los senderos más accidentados. En la parte delantera tiene dos barras que se pueden asir como si fuera una camilla; y en la parte trasera hay un manillar con un sistema de freno, semejante al de las bicis. Pesa 25 kilos y la portan como mínimo dos voluntarios. El guía que va delante marca el camino y el voluntario que se sitúa atrás controla principalmente la estabilidad y la frenada. En muchas ocasiones, se colocan dos voluntarios más en los laterales para una mayor seguridad del usuario.
Los responsables de Rodamunt explican que la relación entre los voluntarios que llevan la silla, los acompañantes y los usuarios es clave. Oriol Aragay, dice“Algunos padres pasean cogidos de la mano de sus hijos, relajados, porque para ellos también es un motivo de felicidad. El día de la ascensión Núria (con una alteración en el sistema nervioso periférico que afecta a las extremidades es decir no al 100 x 100)  se superó a sí misma. Sólo necesitó la silla Joëlette en el tramo más empinado de la ruta. El resto de la subida lo hizo con la única ayuda de los bastones y el brazo de su compañero. Luego la bajaron en la silla, pero superó la prueba de Sant Jeroni en  Barcelona y ya tiene licencia para seguir soñando. Su próximo reto se llama Puigmal, de 2.913 metros de altura. (La Vanguardia)
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