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Avance o eugenesia?

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En la entrevista al científico español Juan Carlos Izpisúa -sobre su reciente investigación sobre la corrección genética en embriones humanos- publicada por EL MUNDO, el investigador manifestaba una posibilidad, que en el futuro se pudiera “corregir el síndrome de Down dentro del útero humano”. A este respecto, Pablo Pineda, consultor de Diversidad Funcional de la Fundacción Adecco y primer diplomado europeo con síndrome de Down, escribe una tribuna de opinión sobre la posibilidad de resolver el síndrome de Down.
Esta mañana hemos amanecido con un titular que me ha producido cierto estremecimiento: “Corregiremos el síndrome de Down dentro del útero materno”. La palabra corregir implica una desviación y ésta, a su vez, denota anormalidad. Es decir, todo el que lea esta noticia asumirá, de forma más o menos inconsciente, que el síndrome de Down es algo negativo, horroroso, que nuestra sociedad no puede sino exterminar. Uno no puede evitar sentirse ciertamente frustrado. ¿De qué sirve el trabajo que muchas personas con discapacidad estamos realizando, en mi caso con la Fundación Adecco, para normalizar nuestra condición, si este tipo de palabras, pronunciadas por científicos de prestigio, calan en los salones de todas las casas? Respeto y admiro enormemente el trabajo de la ciencia, pero estas investigaciones, si bien representan un avance en el campo más técnico, suponen un retroceso en los valores sociales que tanto cuesta construir. A mi modo de ver, no estamos ante un progreso sino ante una técnica eugenésica que implica asumir que las personas con síndrome de Down somos “seres de segunda”, que no deberíamos ver la luz. Recalco que soy el primero en celebrar los avances de la ciencia y de la tecnología pero ¿por qué no utilizarlos para mejorar la vida de las personas, en lugar de para terminar con su diversidad? Quizás suene exagerado, pero entrar en esta dinámica podría implicar que, en unos años, estemos modificando el color de ojos de los bebés dentro del útero. Dejémonos de complejos pueriles, asumamos la diversidad de la vida y sintámonos orgullosos de lo que somos. Lo he dicho muchas veces y, ahora más que nunca, vuelvo a repetirlo: “Soy Pablo Pineda y estoy orgulloso de tener síndrome de Down”. (el mundo España)
Adhiero a su opinión. Corina Gonzalez Tejedor, Argentina.

 

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