Libros: tres religiones, tres poetas

La llegada de la pascua (para los cristianos) o el pésaj (para los judíos) es una de las festividades más importantes dentro del calendario religioso de estas dos prácticas. Ambas toman su nombre del término hebreo “pésaj”, que significa “salto” o “paso”, y que implica dos sentidos diferentes en cada una de estas tradiciones: la liberación del pueblo judío del yugo egipcio o la liberación de Cristo de la muerte al resucitar. Estos puntos de vista quedan muchas veces grabados en la obra de diferentes escritores que, apegados o distantes de la religión, viven igual una tradición en las páginas de sus libros. Recomendamos tres poetas ligados al ámbito religioso en la siguiente lista.

 

Inundación castálida(1689), de Sor Juana Inés de la Cruz

 

Una de las poetas fundamentales del panorama latinoamericano del período barroco y, también, una de las pocas mujeres que pudieron dar a conocer su obra a finales del 1600, los poemas de Sor Juana Inés de la Cruz son, en verdad, un conjunto de textos que marcaron a fuego la manera en la cual se escribe en nuestro continente. Además,  esos gestos líricos han sido leídos como parte de un éxtasis religioso que incumbió, según la lectura católica, un contacto con la divinidad. En este libro, se reúnen sus principales sonetos, además de ir de a poco construyendo la figura autoral de esta maravillosa mujer.

 

Amapola y memoria (1952), de Paul Celán

 

Luego del genocidio del pueblo judío durante el nazismo, el encuentro con la barbarie radical dejó a muchos poetas y pensadores reflexoniando en torno a la época que se abría de allí en adelante. El filósofo judío-marxista Theodor Adorno afirmó que “escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie”. ¿Qué significa esa frase? Desde Paul Celán, la respuesta que podemos dar es que la poesía no puede ser la misma después del horror, y que necesariamente debe alterarse su forma y contenido para poder establecer un vínculo con el mundo que viene después. De tradición judía, si bien abandonó la religión, una fuerte impronta del mundo en el que creció y vivió queda en este primer poemario, en donde, de alguna manera, se trabaja una dimensión de dolor radical que tiene un poco que ver con su propia biografía (perdió a sus padres en un campo de concentración y él mismo estuvo recluido en un campo en Moldavia) y con la pena fundamental del hombre contemporáneo.

 

Tierra baldía (1922), de T.S. Eliot

 

T.S. Eliot es uno de los poetas fundamentales del siglo XX. Además, su conversión a la iglesia anglicana tiene mucho que ver, en algún sentido, con la adopción de la cultura británica proviniendo él de Estados Unidos: una suerte de fuerte regreso a la tradición europea. Tierra baldía es uno de sus libros fundamentales, con un poema dividido en partes que busca articular la multiplicidad de voces que eran características del modernismo anglosajón –movimiento en el cual tenemos que incluir a EzraPound, Virginia Woolf o James Joyce- con cierta relectura de los componente religiosos en el mundo contemporáneo. De suma dificultad, este poema es, claramente, una de las obras más demandantes, atrevidas y radicales, provenientes de un hombre que supo releer la tradición europea con una búsqueda estética fuertemente preocupada por la novedad. Ser nuevo siendo tradicional: ese ha sido su estrategia.

 

por Fernando Bogado (@letristefebo)

 

 

 

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