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Sus consecuencias

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Un artículo reciente en The Week presenta un resumen de lo que parecen ser nuevos trastornos cerebrales vinculados con la revolución digital. “Es difícil recordar cómo era la vida antes de que tuviéramos Internet al alcance de los dedos, con los smarthpones en los bolsillos y un ordenador portátil en todos los escritorios”, articulaba la escritora Tammy Kennon. “Hoy, nuestros cerebros se esfuerzan por adaptarse a toda prisa a la era digital. Los neurocientíficos cognitivos dicen que todo el tiempo que pasamos ahora delante de pantallas ha cambiado la forma en que leemos y entendemos. Navegar por Internet redujo  nuestra capacidad de atención y la paciencia.

También tiene efectos sobre nuestra memoria”. Encabezando la lista de nuevos trastornos cerebrales, Kennon describe lo que se denomina nomofobia. El término es una abreviatura de la frase en inglés ‘no-mobile-phone phobia’, es decir fobia a no tener el teléfono móvil a mano. La calificación de fobia podría, de hecho, quedarse corta. “En un estudio en Reino Unido, el 73% de los encuestados sentían pánico cuando perdían de vista su teléfono”, explicaba Kennon. “Y para otro 14% ese pánico desembocaba en pura desesperación”. Luego está el neologismo ‘technoference’, resultante de sumar en inglés las palabras ‘technology’ e ‘interference’ y que ya podemos encontrar en español como ‘tecnoferencia’. Así denominan al fenómeno de la interferencia de las tecnologías digitales y los medios sociales en nuestras relaciones personales.

Quizás a todos nos ha molestado en algún momento el intentar mantener una conversación con alguien que parece más interesado en los mensajes que le llegan al teléfono y que responde con expresiones vagas o distantes a nuestras preguntas o comentarios. Pero lo realmente triste es el aspecto de la ‘tecnoferencia’ que surge en momentos de intimidad con nuestros cónyuges. “Otro estudio descubrió que los smartphones están interponiéndose en nuestras vidas sexuales”, escribía Kennon. “Un sorprendente 40% de los participantes afirmaron que han pospuesto el sexo debido al uso del smartphone. Algunos admitieron haberse apresurado en terminar la relación sexual para responder a una llamada telefónica o leer una notificación del móvil. ‘Yo suelo estar en Facebook y él en una aplicación de deporte mientras estamos en la cama’, admitió una encuestada, ‘luego nos damos cuenta de que estamos juntos en la cama pero, literalmente, viviendo en mundos diferentes’”. Entre otros trastornos descritos en el artículo está la ‘llamada fantasma’, la sensación de que tu teléfono suena o vibra en tu bolsillo cuando de hecho ni siquiera lo llevas encima en ese momento; la cibercondría es la preocupación obsesiva por la salud que lleva a utilizar Internet para investigar y autodiagnosticar afecciones imaginarias; también está el conocido como ‘delirio de El show de Truman’ o ‘síndrome de Truman’, la falsa impresión de que están observando o retransmitiendo tu vida. En definitiva, ¿los smartphones nos están atontando, interfieren en nuestras vidas sociales o nos vuelven paranoicos? Curiosamente, quizás no haya mucha diferencia entre la ‘tecnoferencia’ de hoy y aquella imagen de los años 50 en la que la esposa trataba desesperadamente de llamar la atención de su marido que leía absorto el periódico durante el desayuno, por ejemplo, o el miedo que algunas personas tenían en los 70 de que las agencias de servicios de espionaje estuvieran manipulando los pensamientos de la sociedad implantando en secreto microchips en nuestros cerebros.

No obstante, podría merecer la pena dejar a un lado la tecnología de vez en cuando, aunque sea para asegurarnos que somos capaces de vivir sin ella. Según se pregunta el padre dominico Ezra Sullivan, que recientemente ha terminado un doctorado en la universidad Angelicum, en Roma, sobre el concepto de hábito según santo Tomás de Aquino bajo la luz de la neurociencia moderna: “¿Por qué estamos tan desesperados por los placeres superficiales que nos ofrecen las tecnologías? ¿Por qué queremos escapar de la realidad de nuestras vidas hacia una realidad virtual? Únicamente confrontando seriamente este tipo de preguntas podemos conseguir usar bien la tecnología y evaluar su influencia sobre nosotros”. (Fuente; Aleteia)

 

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