Libros: novelistas sudamericanos contempráneos

La literatura sudamericana siempre, de una u otra manera, se renueva. Una de las muchas pruebas de esto que afirmamos es que el actual escritor faro de gran parte de los jóvenes (y no tan jóvenes) narradores de todo el mundo es el ya fallecido Roberto Bolaño, alguien nacido en Chile pero exiliado en México y que vivió gran parte de su vida como escritor en Barcelona. Su propio itinerario nos permitía entender el destino del escritor sudamericano quien entró en la adultez con el golpe de Estado, la entrada de los militares y la política represiva que se llevó adelante en nuestro territorio. Recomendamos aquí tres escritores de la parte baja del continente que, en líneas generales, vienen después de esa generación, y cuya prosa tiene ya un amplio reconocimiento por su calidad.

 

Tinta roja, de Alberto Fuguet

 

Fuguet es uno de esos escritores polémicos que, además de lo disruptivo de sus comentarios, es también muy hábil a la hora de escirbir. Habla, sí, pero tiene con qué sostener lo que dice. En esta novela, el escritor y también director de cine Alberto Fuguet, cuenta la historia de Alfonso, un joven periodista que entra a trabajar en las famosas crónicas rojas de un periódico denominado El clamor. Lo que tenemos en esta obra es la construcción de una ciudad de Santiago sórdida, tragicómica, oscura, pero al mismo tiempo atractiva. La mirada del personaje es también una mirada sobre el mundo marginal de la sociedad, entre el retrato casi cinematográfico y el gusto por lo prohibido que algunos lugares pueden producir.

 

La forma de las ruinas, de Juan Gabriel Vázquez

 

¿Puede existir algún tipo de conexión entre una serie de magnicidios? Si el asesinato de una figura de relevancia política o histórica parte en dos el destino de un pueblo, uno podría sospechar que hay muchas casualidades para pensar que todo pueda seguir tan normal (Charly García dixit). En esta novela con mucho de autobiográfico, Vázquez sigue la historia de un tal Carlos Carballo, un hombre que en el año 2014 intenta robar el traje de paño de Jorge Eliécer Gaitán, político asesinado en 1948. Su muerte inicia un período de cambios negativos en la historia colombiana, pero: ¿qué conexión hay con otro asesinato de enrome proporciones, como el de Rafael Uribe en 1914? ¿Qué hay en verdad detrás de esas muertes? Indagación histórica con algo de espías y con un profundo sentido de la vida en nuestro continente, Juan Gabriel Vázquez es una de las voces más interesantes de la actual narrativa colombiana.

 

Abril rojo, de Santiago Roncagliolo

 

Si hay un escritor a seguir dentro del panorama sudamericano contemporáneo, ese es Santiago Roncagliolo. Gran parte de sus obras ya se encuentran como referencias ineludibles para jóvenes narradores que pertenecen a generaciones que están alcanzando los primeros treinta, y novelas como Abril rojo nos permiten entender por qué. A partir del punto de vista de un fiscal, Félix ChacaltanaSaldívar, el libro se mete con la violencia dentro del territorio peruano producida tanto por los miembros de la guerrilla Sendero Luminoso y los operativos contrainsurgentes de las fuerzas oficiales del país, estableciendo una escalada de asesinatos y torturas absolutamente demencial. La novela intenta meterse en ese mundo para alcanzar algún tipo de conclusión, casi como el espíritu del fiscal lo promueve, pero, en verdad, tanta ruina y destrucción quedan intactas, casi como una marca de un destino del que difícilmente se pueda escapar.

 

por Fernando Bogado (@letristefebo en twitter e instagram)

 

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